La rinoplastia es una práctica quirúrgica realizada para corregir las deformidades de la nariz, mediante la modificación de las estructuras óseas y cartilaginosas nasales para conseguir una nueva forma que mejore la armonía facial.



La intención de la rinoplastia es que la "nueva" nariz se integre plenamente en el contexto general de la cara, produciendo un conjunto armónico y agradable, es decir, que no se detecte que ha sido intervenida.



Procedimiento.


La operación de nariz suele durar alrededor de una hora y se realiza bajo anestesia general o, en casos seleccionados, con anestesia local y sedación. Se realizan incisiones internas en la nariz para evitar cicatrices externas visibles. Se corta y modela los huesos y cartílagos nasales para conseguir la forma deseada, e incluso se trata la base de los orificios nasales.




Para ayudar a dar forma o sostén a la pirámide nasal es frecuente que se utilicen como injertos diferentes tejidos del propio paciente (cartílago, hueso) o, más raramente, materiales sintéticos.




Después de la intervención, se coloca un taponamiento nasal que se suele retirar al día siguiente, excepto si se ha realizado una septoplastia en cuyo caso se deja dos o tres días. Asimismo, se aplica sobre la nariz una férula de escayola que se mantiene durante una semana.




El tiempo de recuperación de los pacientes oscila entre 8-10 días, pero los resultados finales de la cirugía no se pueden juzgar hasta varios meses después de realizada la misma, ya que los tejidos deben estabilizarse y cumplir su proceso de maduración.




En casos donde existan graves alteraciones anatómicas iniciales, trastornos en la cicatrización de los tejidos, traumatismos postoperatorios, etc., pueden verse resultados no favorables, como asimetrías o irregularidades en el contorno nasal, por lo que puede ser necesario un retoque quirúrgico a realizarse a partir de los seis meses.